Material didáctico y/o de entretenimiento alrededor del cine y la imagen


domingo, 17 de octubre de 2010

Watchmen: Minuciosos y contundentes títulos de crédito

Algo hay cuando se unen un virtuosismo técnico impoluto, una claridad conceptual evidente y la mitomanía innegable que arrastra una obra de culto.
Ocurre al menos durante los cinco minutos de créditos iniciales de la película Watchmen, de 2009, dirigida por Zack Snyder, y que a su vez está basado en el reputado cómic del mismo título, dibujado por Dave Gibbons y escrito por esa inevitable referencia dentro del género llamado Alan Moore.
Hay técnica, hay concepto y mucho hay de mito en esta pequeña historia -o introducción a la misma- de cinco minutos, acompañada por la música de Bod Dylan.
Más allá de otras consideraciones, en una película que se nos presenta como una adaptación absolutamente fiel -al menos a la forma- al cómic original, nos encontramos ante la única parte del film donde se ha podido tomar cierta libertad con respecto a ese precepto.
Y a mi modo de ver -curiosamente- se agradece.

La novela gráfica nos habla de los conflictos de unos superhéroes (enfrentados a sus miserias y sus fracasos) en un contexto de tensión social y política entre los EEUU y la URSS.
Estos créditos iniciales se encargarán de presentarnos a los protagonistas -los superhéroes-, contándonos su pasado a través de determinados momentos históricos muy determinados, y su evolución (unos mueren, otros nacen, otros se transforman) unida indefectiblemente a esos acontecimientos.
No he podido incrustar el video porque su inserción estaba desactivada, pero podéis ver los títulos completos pinchando aquí.

Muchos minutos de metraje y mucho que analizar en esta pieza.
Para no perderme, prefiero centrarme en cuatro aspectos para mí fundamentales:

1) LA DISPOSICIÓN ESPACIAL DE LA TIPOGRAFÍA
Muy del cine moderno, hay un juego evidente -más formal que otra cosa- en la colocación de los títulos de crédito.
Aprovechando la perspectiva, los títulos no se superponen directamente sobre la película, sino que se adaptan al espacio sugerido en cada plano, de modo que se mimetizan con este, y la integración de los mismos es mucho mayor (dando una importancia -que se ha venido acrecentando con el paso del tiempo- a los diseñadores gráficos frente a los cineastas en la creación de este tipo de títulos).
Veamos sólo algunos ejemplos:





Precursor en cierta medida (es de los primeros que recuerdo haber visto) y de una clarividencia absoluta -la utilización de los espacios arquitectónicos para enmarcarlos-, podemos observar un buen paradigma de este aprovechamiento espacial y de esta utilización de la perspectiva en los títulos iniciales de "La habitación de pánico" de David Fincher.



2) LOS HOMENAJES Y LAS REFERENCIAS VISUALES.
Son muchos y variados.
Por centrarnos en los tres más evidentes, destacaríamos los que se hacen sobre la fotografía de Alfred Eisenstaedt, el cuadro de Leonardo da Vinci y la fotografía de Marc Riboud.

"El beso", es sin duda la fotografía más conocida de Eisenstaedt, y un icono de la época.
En este caso la mayor diferencia es que va a ser una superheroína -una mujer- la que bese a la enfermera en pleno Times Square.



Curiosamente una chica será también la que sustituya a Jesucristo en la recreación del cuadro "La última cena" de Leonardo da Vinci.
El embarazo de la figura central así como la presencia de nuevo de la enfermera (también presente en el trágico final de la superheroína) no pasan desapercibidas.



Icono pacifista será también el uso de la conocida imagen de Marc Riboud, aunque el trágico desenlace -con los disparos de los fusiles frente a la masa- que ocurre en la película (distinto al histórico al que hace referencia) marca aún más el carácter de ucronía, de desarrollo histórico alternativo en el que se mueve la historia.



3) EL PASO DEL TIEMPO Y EL CONTEXTO HISTÓRICO.
Muy presente también en los homenajes anteriormente citados, esta pieza está llena (no se me ocurre un adjetivo mejor) de momentos históricos reconocibles, en los que se va a insertar la propia intrahistoria de los personajes de la película.
Y en esa presencia y en la toma de partido de los personajes frente a esos acontecimientos será como los conozcamos, y veamos su evolución.

Para remarcar ese carácter histórico innegable, muchas de esas escenas se abrirán con una portada de periódico (testigo y documento del hecho).


Y la sucesión de momentos que pertenecen ya a la historia colectiva es casi inabarcable: El asesinato de JFK, el vuelo del Enolay Gay, la llegada del hombre a la luna, la alianza de la revolución castrista con la URSS, el monje vietnamita que se quema a lo bonzo, el conocido local Studio 54, Warhol y Capote...
Veremos sólo un par de ejemplos:



4) LOS MOVIMIENTOS DE CÁMARA
La planificación de estos títulos es por lo demás bastante sencilla. Fundidos a negro que abren y cierran las diferentes escenas, y unos leves movimientos de cámara que los acompañan.

Me resulta curioso cómo la mayoría de esos movimientos son de encuadres más cerrados a más abiertos, son travellings de alejamiento.
Este movimiento ahonda probablemente más en la idea de paso del tiempo, de un dejar atrás, de mostrar cosas o hechos que ya han pasado.



Sin embargo, curiosamente, casi los dos únicos movimientos que no son de alejamiento sino que son de acercamiento, corresponden con las fotografías que se hacen el grupo de superhéroes, una al principio y otra al final de la pieza.
En ambas -en realidad lo que se nos cuenta en estos títulos es lo que ha pasado entre esos dos momentos- desde el punto de vista del fotógrafo, desde la cámara de fotos nos acercamos al grupo, nos aproximamos a ellos, redundando en la idea de que va a ser sobre ellos -ya lo he dicho, sobre sus miserias, sus miedos, sus fracasos- sobre los que va a ir la historia que estamos a punto de ver.






Y así, sin más, la película empieza.

viernes, 15 de octubre de 2010

"Up" vs. "Padre e hija": La colina como metáfora de la vida

Cuando la emotividad rebosa la pantalla y todo lo inunda pocas son las palabras que uno puede decir.
Sentimiento en estado puro.
Admiración, respeto y fascinación a partes iguales.

Mucho de eso me pasa en dos piezas a las que profeso un cariño muy especial y que se encuentran entre mis más íntimas predilecciones.
Me refiero a la película "Up", de la factoría Pixar (sobre todo el principio) y al cortometraje de Michael Dudok de Wit "Padre e hija".

La película de Pixar arranca contándonos el matrimonio entre Fredricksen y Elli, y en apenas cinco minutos nos narra, sin diálogos, todo el amor, las alegrías y los sinsabores de toda una vida de relación en común de esta pareja.
Si no conocéis la película yo os rogaría que la vieseis primero, pero como esta parte de la historia de la que estoy hablando viene prácticamente al principio (luego el largometraje se convierte en una película de aventuras) no os chafará nada de lo que ocurre después.
Aunque los dos personajes se conocen de niños, esta pieza comienza con su boda.

Aquí esta. Disfrutadla como merece:


Efectivamente: Impresionante.

El caso del corto "Padre e hija" no está, ni mucho menos, desprovisto de esa emotividad.
Michael Dudok de Wit, conocido animador ("El monje y el pez") nos introduce en la relación -intensa, vívida, imaginada, nunca desprendida- que se establece entre un padre y una hija, a lo largo de toda la vida de esta última.
También sin necesidad de recurrir a diálogos, con encuadres en general bastante abiertos, la melancólica historia nos lleva hasta uno de los finales más sobrecogedores e impactantes que he tenido la oportunidad de observar.

Esta obra maestra única e irrepetible dura ocho minutos (si sólo se ve una vez...):


Sí...

Creo que me di cuenta la primera vez que vi "Up" (habría que recordar que la película es de 2009 mientras que el corto se estrenó en el 2000). Es verdad que hay muchos puntos en común: La historia de una vida, el paso del tiempo, la ausencia de diálogos, la música que marca los estados de ánimo, los sentimientos...
Pero no fue eso.
Enseguida lo vi, o me hizo recordar.
La colina.

Ya lo he dicho en alguna ocasión: Probablemente sea mi imaginación.
Pero me resisto a pensar que no exista ninguna conexión, llamadlo homenaje, copia o casualidad.

En estas dos piezas hay una colina, y una colina que simboliza a la perfección la relación que en cada audiovisual se establece entre los dos protagonistas.
En el caso de Up podemos observar que es un lugar "complice" para el matrimonio, y que en función de la época en la que nos encontremos es uno u otro el que "tira", el que más fuerzas tiene.

En el caso del cortometraje, va a ser el lugar de la despedida del padre, y el que marcará a la hija -que será testigo- durante todo el desarrollo de su vida.

Fijaos si no en estos cuatro fotogramas:


Nueve años los separan, pero son muchos los aspectos en común.

Muchas connotaciones se me vienen a la cabeza al pensar en la colina (esfuerzo, subida/caída) pero no vamos a incidir sobre ello.
Hay mucho de metáfora en ese describir toda una vida, y desde luego es algo que las dos piezas comparten.

Y no me quería despedir aprovechando que "Up" pasa por "Breve encuentro" para significar otro elemento del paso del tiempo, en este caso las corbatas.
En apenas quince segundos de la narración total hemos avanzado unos cuantos años gracias a la repetición del ritual en que Elli le coloca la corbata a su marido.
Cuando hemos observado ya todos los modelos y colores, llegaremos a la pajarita, que nos abrirá el campo a un Fredicksen mayor, prácticamente en la edad en que se desarrollará la historia.












Una manera -como otras muchas- de significar el paso del tiempo, en este caso a través de un acto cotidiano y repetitivo.

Y de cualquier modo, lo dicho: dejaros emocionar y contagiar de estas historias que son, en sí mismas, puro sentimiento.
Hay que dejarse llevar...

viernes, 8 de octubre de 2010

Kill Bill II: Western, tensión y simetría

La planificación debe tener bastante de juego.
Debe responder a un patrón determinado por unas razones concretas. Y esas razones, faltaría más, pueden ir de lo más profundo a lo más peregrino.
Un homenaje, un reto, un impasse, un intentar el imposible, un clímax.
El que decide juega, y el que decide apuesta.

Y luego está la no planificación, el dejar fluir, el no pensar demasiado.
Donde no sabemos muy bien ni dónde está la cámara, ni por qué se puso ahí. Donde no hace falta, donde no se quiso, donde daba igual.
Y también funciona.

Habrá escenas en las que no sabremos muy bien dentro de qué grupo nos encontramos, y en otras, sin embargo, podemos observar claramente la pertenencia a uno de estos dos casos.
Ocurre en esta escena de "Kill Bill II", dirigida en 2004 por Quentin Tarantino.
Hay una planificación detallada, minuciosa y pensada.
Es difícil negarlo.

Beatrix Diddo, "La novia", ha dejado atrás un pasado violento y quiere retomar su vida -una vida normal, aburrida y corriente- casándose con un chico y retirándose a un pueblo perdido.
Pero justo antes de la boda, cuando está ensayando la ceremonia, recibirá la visita de Bill, su compañero y maestro, catalizador de ese pasado violento...
Aquí el video:



Hay un ritmo y un aroma inevitable al western más clásico. O al spaghetti western, por ser más preciso.
Homenaje, referencia, recordatorio. Podemos llamarlo como queramos.
Sólo hay que comparar el principio de esta escena con el final de uno de los filmes más admirados de John Ford, el clásico "Centauros de desierto".
¿O es mi imaginación?


Mucho de western y mucha tensión en esta parte de la historia.
Hay, flotando en el aire de toda la escena, un aroma a simetría, a lucha de poder, a nivelación de fuerzas e intenciones de la que en el fondo bebe toda la película.
La novia y Bill. Bill y la novia.

En el comienzo de la escena, sin embargo, vamos a vivir el mayor momento de tensión explícita.
Beatrix sale al porche y se encuentra con Bill. Él está tocando la flauta y ella no sabe todavía las intenciones con las que se ha presentado.
Los planos se intercalan rápidamente al ritmo de la música, recordando -de nuevo el western- a un duelo de pistolas al sol, esperando ver quién va a desenfundar primero.


Pero la tensión termina cuando Bill mira a la novia, y de sus labios sale su nombre.
Entonces empieza la simetría, la nivelación de fuerzas.
Él la mira y ella lo mira.
Se observan y se respetan.


Poco a poco toda esa tensión, todo eso recelo se va disipando.
Los planos se abren y continúa la conversación, continúa la simetría. Los dos personajes se apoyan sobre un pilar del porche, y ocupan lados contrarios del espacio.


Resulta curioso -y a mi modo de ver muy interesante- el acercamiento de los dos personajes en esta parte de la escena.
Para continuar con esa nivelación de fuerzas, tanto la novia como Bill darán un par de pasos de acercamiento, pero nosotros los observaremos desde perfil, de modo que esta sucesión de planos no acarrea un recorte de los mismos, sino que los veremos siempre a la misma distancia.
Y el ritmo de planos "la novia/pies de la novia/Bill/pies de Bill" remarca esta idea.



Simetría.
Y esta simetría continúa en el encuentro de los pies, en el último paso de los personajes.


Y, como no podía ser de otra manera, los rostro de los personajes se ven condicionados igualmente por la simetría.
Hay un leve acercamiento de cámara en esta última parte de la conversación (la tensión primera que se fue disipando vuelve) pero conservando esa omnipresente simetría.


Y, como no podía ser de otra forma, en la última parte de la escena -un plano/contraplano muy cercano- continuará con la misma idea del ritmo simétrico.



Pero inevitablemente, la tensión de la conversación (y los planos que la acompañan) van en aumento, y llegados a ese punto, la novia será la encargada de cortarla, desviando la atención hacia el interior de la iglesia.

Así, sin más, se desarrolla este pequeño duelo, este encuentro entre dos pistoleros que -al menos en esta ocasión- quedará en tablas.
De momento...

martes, 5 de octubre de 2010

Dexter: Un mismo espacio para dos tiempos distintos

Hay determinados momentos muy poderosos visualmente.
Es cierto que -en general- todos los juegos temporales resultan muy atractivos narrativamente. La utilización de flashbacks, de flashfoward, el hecho de compartir espacios o compartir tiempos supone salirse de la norma, supone esquivar el clásico esquema temporal y llamar así la atención del espectador.

En esta ocasión nos vamos a detener sobre una narración donde en un mismo espacio físico vamos a observar dos momentos, dos acciones que tuvieron lugar en tiempos diferentes.
Y las vemos a la vez, compartiendo ese mismo espacio.

Este ejemplo pertenece al último capítulo de la primera temporada de la serie "Dexter", protagonizada por Michael C. Hall.
Voy a tratar de contar lo mínimo posible.

Dexter es un personaje complejo y atractivo. En este momento de la historia está buscando a su hermana, secuestrada, y está convencido que se encuentra en un contenedor.
Pero al mismo tiempo Dexter está condicionado por su pasado. Su pasado le persigue.
De hecho, en ese contenedor donde cree se encuentra su hermana, mucho tiempo atrás tuvieron lugar unos terribles hechos que le marcarían para siempre.

Y en este momento Dexter llega al contenedor. Se dirige hacia él y el contenedor se abre...



Y será en ese momento, efectivamente, cuando los dos tiempos -el presente y el pasado- se dan la mano en un mismo espacio.
Veámoslo por partes:

Al principio de la escena vemos a Dexter observando el contenedor. En él podemos apreciar la pesadumbre del pasado que le bloquea (el miedo a lo que allí ocurrió hace años) y la angustia por saber qué habrá sido de su hermana.


En el instante en que el contenedor se abre veremos con claridad cómo aparece el pasado.
En principio el espectador esperaría ver aparecer al secuestrador (que está jugando con Dexter) pero en realidad a quien observamos es al padre adoptivo de Dexter, policía, con el propio Dexter -de apenas tres años de edad- entre los brazos, escapando de lo que dentro del contenedor ocurría.



En este magnífico plano el padre de Dexter habla al pequeño calmándolo, aunque nosotros entendemos perfectamente que también está calmando al Dexter del presente, a todos sus miedos y angustias.
Ambos personajes -de tiempos diferentes- no se miran, acusando aún más cierta distancia que Dexter mantiene con todo lo que le rodea.


Hay sin embargo un plano cercano, cargado de emoción y significado.
El personaje de Dexter de pequeño mira de frente -una mirada clara, franca- al Dexter de la actualidad.
Es en ese momento cuando esos dos tiempos realmente se convierten en uno. Cuando son absolutamente presente.


Pero la magia dura poco y el pasado se desvanece para dar pie al más absoluto presente.
Y ese desvanecimiento del pasado se observa con una transición donde los elementos que pertenecen a aquel pasado se difuminan hasta dejar paso al más vacío, al más incierto, al más impredecible presente.





Una escena cargada sin duda de simbolismos, muchos de los cuales sólo tienen sentido en el propio ámbito de la historia, que no he querido destripar demasiado.

Resulta igualmente curioso cómo es ésta manera de contar bastante utilizada en el cine de la actualidad, y en concreto en las series de televisión.
Hace poco, viendo la magnífica serie "Mad Men" pude comprobar una narración que partía de los mismos preceptos.

Algún día tocará mostrarla por aquí, y hacerla presente.